El libro rojo

Cuando murió mi abuelo vino desde París su hermano. Hermano por parte de padre. La madre de mi abuelo murió cuando él era muy pequeño. También tuvo una hermana, también murió. Murió al nacer o poco después. Mi bisabuelo era por aquel entonces muy joven y dejó a mi abuelo al cargo de una hermana. Esta hermana a la que detuvieron y llevaron presa a la cárcel de Ventas. Mi madre me contó un día que el marido llevaba a su hijo para que la viera desde la calle, mientras se asomaba por la ventana.

Enseñé a mi tío un libro rojo precioso. Cuadrado, de pastas duras. Siempre lo había visto en casa de mi abuela y mi abuelo. El Romancero gitano en castellano y francés. Eran las cinco de la tarde… Recuerdo a mi abuelo leyendo, leyéndome, uno de los poemas, donde nombra a la guardia civil. “Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras.” Por esto lo fusilaron, me decía. Leía con voz tajante, seca. Los ojos grises centelleantes, llenos de vida, muerte y recuerdos, mientras posaba su dedo índice sobre los versos, para enseñarme. Y me enseñó. Claro que me enseñó. Hice míos sus recuerdos. La voz tajante y seca. Los ojos, marrones los míos, centelleantes, llenos de vida, muerte y recuerdos. Si lloras no puedes escribir Lourdes. No llores y escribe.

Resultó que se lo había enviado mi bisabuelo a mi tío y mi abuelo se lo quedó. Esas cosas… Ahora sonrío. Ni siquiera lo sabía. Tengo un libro del abuelo maravilloso, dije a mi tío. Ya sé cuál es, es un libro rojoMe lo envió el abuelo (su abuelo es mi bisabuelo, claro) y se lo quedó mi padre (mi abuelo…, el de los ojos grises más bonitos del mundo). Le miré a los ojos. Los ojos de mi tío brillan. ¡Me lo he quedado yo! Un día, hace mucho mucho tiempo, pedí a mi abuelo que me lo dejara. Nunca se lo devolví. Era parte del plan. Es un libro especial. Como mi abuelo.

El caso es que mi abuelo me había escrito en un pequeño papel el cargo que tenía su padre. Algo así como comisario de la policía secreta y guardaespaldas de Largo Caballero. Se lo enseñé a mi tío. Se le cayeron las lágrimas mientras me decía que a este político le abrieron la frontera para que pasase. A mi bisabuelo no. Se quedó dentro. En el horror fascista. Luego vino el campo de concentración.

Romance de la guardia civil española

Los caballos negros son.

Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vió y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

*

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.

*

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna, soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

*

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.

*

La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

*

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
juego de luna y arena

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