La marca España

Alguien se imagina un juicio por violación… no, no, no, no un juicio… Eso ya supone que lo que se ha hecho se tiene como delito, que se ha detenido a alguien, que hay cargos… ¿Somos capaces de imaginar la escena de una violación? Una mujer tirada en el suelo, con las bragas colgando de los tobillos, rota y magullada. Sucia, arañada, la cara surcada por lágrimas y babas. Llora, ya no grita. Ya ha gritado y no ha servido de nada. Sí, miento. Sí ha servido, para que su agresor la golpee con más dureza, para que la muerda y embista con más virulencia. Para que la desgarre. Paralizada por el terror. Sus ojos ya no miran. Está quebrada.

El agresor, el violador, el que la ha visto y se ha dicho: esta para mí, esta me la calzo yo a hostias. Dos puñetazos, al suelo, le arranco las bragas y mmmm…, qué ganas tengo, follarla hasta romperla. La puta esta.

Se levanta, mira a su alrededor mientras se coloca la camisa. Se sube el pantalón y lo abrocha. Mira al suelo. La mira a ella. Sonríe. Puta. Como grites te mato. Se agacha, la agarra por la cara mientras le susurra en voz baja: te mato. La suelta con violencia mientras se levanta. Sangra. Está perdiendo mucha sangre. No hemos dicho que estaba embarazada. Ni que a consecuencia de los desgarros tendrá que ser intervenida quirúrgicamente ni que perderá un ovario. Tampoco hemos dicho que ha abortado. Ni que tardará años en volver a mantener una relación sexual. Ella calla. Silencio.

Pasa el tiempo. En ese tiempo se ha topado con él, con su violador, con su torturador, con el hombre que le provocó un aborto, en innumerables ocasiones. El miedo le impide hablar. Callada. Se avergüenza. Te mato. Mira al suelo. Un día cualquiera, después de muchos meses, años, se siente capaz. Piensa que algo ha cambiado. La juventud perdida. La vida truncada. Se atreve a señalarlo con el dedo. ¡Es él! ¡El que me violó es él! Grita. Ahora sus ojos miran. Le miran a él. Sus ojos clavados en él. El agresor se da la vuelta, tranquilo. Él también la mira, sereno. La gente de alrededor también la mira, acusándola. Ya estás otra vez con lo mismo. No levantes heridas. No remuevas el pasado. Eso sucedió hace muchos años. Venga, dale la mano. Es tu vecino, no sigas con lo mismo.

Pero es él, hay que detenerlo, juzgarlo, me violó, aborté… No levantes viejas heridas mujer. Calla. Por el bien de todos. Calla. Y cuando lo vuelvas a ver lo saludas cordialmente. Venga, ahora os reconciliáis, que lo que sucedió tampoco fue para tanto. Que tú también le arañaste la cara, no digas que no. Y le tiraste del pelo, histérica. Y seguro que ibas provocando. Calla, mujer, calla. Que aquí nunca pasó nada.

 

Aquí lo llamaron reconciliación nacional. La marca España.

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