Una metáfora

“De ahí lo impropio de designar el todo por la parte, es decir, de llamar guerra civil a aquel ciclo de terror y muerte abierto por el golpe y cerrado catorce años después con el aniquilamiento de toda resistencia. En realidad hablamos del gran proyecto antidemocrático de los sectores antirrepublicanos de la derecha española, los cuales, tras la derrota electoral de febrero del 36, se lanzaron primero por la pendiente del golpismo y luego, ante el fracaso parcial del 18 de julio, fueron capaces, en beneficio propio, de sumir al país en una terrible guerra civil, tras la cual consumaron el plan inicial.” Violencia Roja y Azul. Francisco Espinosa Maestre, ed.

El objetivo de estos sectores quedaba claro y llega a nuestros días: España jamás volvería, ni ha vuelto, a ser republicana. Estos sectores tienen nombre y apellidos, han formado familias y linajes, copan altos cargos políticos, judiciales, militares. Son los mismos que nombran calles con sus antepasados, que los homenajean, que renuevan títulos nobiliarios, incapaces de condenar la barbarie, porque sería condenar a sus familias, a sus padres, tías, abuelos, a sus madres… Sus antepasados: violadores, asesinos, torturadores, genocidas. Nuestro presente democrático de silencios ahogados entre espadas en alto.

Tras la guerra continuó el plan de exterminio de toda idea republicana. Pero las ideas no flotan en el aire, las ideas las llevamos dentro, mujeres y varones. Luego entonces, era necesario el exterminio físico de toda idea republicana. Las mujeres, transgresoras, rojas, masculinizadas, debían aprender la lección: una mujer es esposa, madre y ama de casa, sumisa, callada y quieta. Había que reeducar a las mujeres. De ello se encargaron las órdenes religiosas y la Sección Femenina de la Falange. Los varones republicanos sí habían cumplido su papel de coger un fusil y luchar en el espacio público, pero equivocaron el bando. Por ello el número de varones asesinados por los sublevados es en extremo superior al de las mujeres. Mujeres luchadoras a las que violaron, torturaron, hicieron abortar “un rojo menos” por las palizas, dejaron sus vientres inservibles por las torturas y las condiciones de hacinamiento y malas condiciones de salubridad en las cárceles, en su mayoría conventos reformados para estos fines. La juventud perdida. La vida truncada.

Tras el golpe militar los sublevados comenzaron a utilizar los bandos de guerra, esos procesos sumarísimos completamente ilegales, para asesinar impunemente a quienes les viniera en gana. Práctica que se extendió hasta bien entrados los 40. El bando republicano creó los tribunales populares a finales de agosto del 36, para no dejar el camino libre a arrebatos de venganza ni sed de justicia personales.

Madrid debió haber caído a principios de noviembre de 1936, pero mi Madrid, el Madrid heroico, resistió el embate fascista. Balcón por balcón, calle por calle, no pasaréis malditos fascistas. No pasaréis. Continuó entonces una larga e interminable guerra. Con los apoyos con que contaba el golpista la victoria era suya, el verdadero objetivo fue la aniquilación de todo resquicio republicano. El tiempo le daría la razón. Europa estaba centrada en acabar con Hitler, aquí los fascistas campaban a sus anchas.

El dictador necesitó catorce años, hasta 1950, para eliminar toda oposición, toda resistencia, para dar por cumplido el objetivo. En 1950 la oposición republicana estaba en la cárcel, en el exilio, devastada o en cunetas aún hoy olvidadas.

El 15 de abril de 1950 nació mi madre.

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