La herencia cultural

Colaboro como investigadora en el Grupo de Investigación de la asociación para la igualdad de género en la cultura Clásicas y Modernas. Estoy diseccionando los suplementos culturales de los periódicos de tirada estatal, la parte de cine. En El Cultural de El Mundo del 13 al 19 de diciembre escriben una crítica de Lore, de Cate Shortland. Se centra en el momento en que caen las tropas de Hitler. Al final leo:

La película está basada en la novela La habitación oscura, relato parcialmente autobiográfico de la escritora Rachel Seiffert, nieta de un destacado miembro de la Gestapo. “Conocí a la madre y a la tía de la directora y me sorprendió mucho cómo aún arrastran un lastre enorme. No fueron ellas quienes cometieron esos crímenes pero es su sangre.”

Pienso entonces en tantos nombres de calles, en la ley de la amnistía, en la transición como una losa de silencio, en los padres de la constitución fascistas, en los asesinos enterrados con honores en mausoleos y demás centros de perpetuación de ideología católica profascista, en la cruz blanca cerca de Barajas, en Gallardón renovando títulos nobiliarios a la familia del violador y asesino Queipo de Llano diecisietes de julio, en las manifestaciones con banderas y manos en alto, en los once millones de votos, en la negativa constante a condenar a los genocidas, por muy familiares que sean, porque aquí, el fascismo, no sólo está bien visto por esa parte de la población, sino que lo justifican, lo ratifican y se enorgullecen de ello… Lo mismito.

Imagen

 

Foto: Pintor de miniaturas

Anuncios