El nombre de todas las cosas

Resulta lamentable que existan personas que se dicen demócratas y bla, bla, bla, incapaces en absoluto de pulsar siquiera al botón de me gusta en la página de este libro de rojos. Cosas de rojos, el masculino invisibilizador no es casualidad. El franquismo (fascismo, señoras y señores, llamemos a las cosas por su nombre), y después la transición (o continuidad revestida de tintes democráticos –democrático burgueses-), bien se encargaron de tergiversar los términos. La historia oficial, la que cuentan los vencedores… Un momento, ¿quiénes fueron los vencedores? ¿Quiénes fueron los golpistas, los asesinos, los violadores, los que firmaban penas de muerte mientras Alfredo Landa gritaba a las suecas? Esas personas, que se dicen demócratas y me tachan de radical (orgullosa de buscar siempre la solución y no de poner tiritas o de mirar a otro lado), se muestran incapaces de pulsar si quiera el botón de me gusta. No les vayan a confundir con esta panda rojos. Que si balas, que si esfuerzos, que si cuadros, que si costillas… Que si fascistas. Que sí, que sí: ¡fascistas!

Leo que en otros estados, en otros países, las familiares de aquellas que tuvieron algo que ver con los fascismos, se sienten avergonzadas. Constituye una lacra. Aquí no, aquí es motivo de orgullo o, al menos, de “oye, es que los rojos fíjate lo que le hicieron a mi familia.” ¿Y tu familia qué era, monina? Adepta, adicta, afecta…, al fascismo. O lo que es lo mismo: fascista. El mismo fascismo de Hitler. El mismo fascismo de Mussolini. Sólo que aquí no ganó en las urnas sino tras un golpe de estado fallido que desencadenó una larga y cruenta guerra, con el apoyo de sus hermanos fascistas y el abandono de las naciones democráticas –democrático burguesas-. Sólo que aquí, podéis gritar bien alto y bien fuerte: Tenemos el orgullo de ser el único país donde el fascismo triunfó, mi familia ayudó a ello y yo soy incapaz de llamar a las cosas por su nombre. Olé, olé y olé (esto lo añado yo).

Porque aquí, los rojos, las rojas, mi familia, resistieron. Resistieron al fascismo, a vosotras, a vuestras familias, hasta enterraros en el mar.

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