Su mirada azul recuerda lo que calla

Vio como levantaba la mano y señalaba los muslos las piernas los pies, vio brazos alcanzando vergajos y solo sintió ya los golpes en sus pies, muslos y piernas y las preguntas. Nalgas…(Vicenta…) descansaron y comenzaron de nuevo. No quiero seguir escribiendo, ni leyendo, se sentaron encima suya, le golpearon, la desnudaron, paraban para descansar y luego volvían a empezar los golpes. Se turnaban. Golpeaban de los muslos para abajo. Le pateaban el vientre. Poder y dominio. Y pienso en Vicenta, y en sus posaderas negras y en las tres semanas que pasó en gobernación y en no querer recordar. Yo recordare por ti y escribiré por ti o por nosotras, por todas. Para que no se olvide, para que se tenga bien presente. Para escribir la Historia. Abuelo, te echo tanto de menos… Sé que lo escuché alguna vez, yo era demasiado pequeña. Te detuvieron y te pegaron. Tu padre. El maldito apellido de la familia teñido de rojo libertad. Te pegaron, eras joven, un adolescente, sin madre, sin hermana, sin padre… Te echo tanto de menos, me habría gustado tanto enseñarte estas palabras y mirar tus ojos grises y que me hablaras de nuevo con esa voz suave y pausada y tus silencios, que ahora solo ahora comprendo. Yo… Cuando mi abuela dice que fue horrible, horrible y cuenta, cada vez estoy más convencida de que calla más que cuenta. Y eso que lo que cuenta es terrible. Pero hay algo más. Hay algo más escondido en ese fue terrible, fue terrible…, y calla, y mira al horizonte, y su mirada azul queda perdida, queda perdida viendo eso que no dice, eso que calla, eso que esconde tras fue horrible. Se le empañan los ojos y llora. Si le preguntara que es eso que calla, abuela ¿qué callas, qué es eso que no dices? Erais creo que cinco hermanas y tres hermanos. Fusilaron a uno, Vicente. ¿Qué os pasó a las mujeres, a las niñas? ¿Qué os hicieron? ¿Abuela? Te fuiste del campo a trabajar a la ciudad. Siempre has dicho que el trabajo en el campo no te gustaba, pero allí estaba tu familia, toda la familia que había quedado. Y lo dejaste todo para quedarte sola limpiando casas. ¿Qué pasó, qué pasaba en el campo para que decidieras, con algo más de 17 años, dejar el cobijo de la familia y aventurarte, exiliarte, en la ciudad? Siempre has dicho que eras preciosa, y doy fe que lo eras, que lo eres. ¿Qué te hicieron, qué os hicieron, qué os hacían, para que huyeras?

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Mujeres republicanas                                                              

En el 126º aniversario del nacimiento de Clara Campoamor

Fragmento de Vida en la memoria.

En mayo de 1936, Clara Campoamor Rodríguez escribiría: “La tragedia de la República es la tragedia del pequeño burgués republicano, pequeño en el sentido espiritual más que económico… Que ha considerado la República el dorado que le abriría las puertas de una nueva vida… Con esa idea por motor llegó, por sorpresa, vacío de propósitos, planes y energía, al 14 de abril… Para mí la República era la conquista de realidades, abriendo anchas las ventanas al porvenir. Una España republicana, con casinillos radicales para hombres solos, casinillos sucios, malolientes y vacuos, no me interesaba. Una República con demócratas verbalistas y mujeres apagadas en el hogar, de laicos de merendero en viernes santo y esposas con freno religioso; de amor libre masculino, con mujeres despreciadas y niños abandonados; de ángeles legítimos del hogar y de padres ilegítimos fuera de él, amparados por la inexistencia de la investigación de la paternidad… Una República así no me interesa sino para trabajarla, combatirla y transformarla.” (Sánchez Sánchez, 2009, p.84).

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