Carta abierta al Ministro de las Injusticias

Sí a ti, ese hombre que no ama a las mujeres, has conseguido lo que parecía imposible: que mujeres de toda clase y condición nos unamos, nos percibamos como hermanas. Ese concepto de sororidad desde el que las mujeres creamos alianzas y superamos las prohibiciones patriarcales de mirarnos, escucharnos, sentirnos y amarnos. Ahora somos una. Una formada de muchas, de todas, tan diversas como los rayos de sol en esta primavera que se cuela por la ventana de mi habitación. Mi habitación propia. Habitación que defiendo a capa y espada, porque es mi nido, mi yo más profundo, mis ganas de ser agua y fuego. Agua…
 
En este 8 de marzo de un mes proclamado como feminista de principio a fin, cuyo grito por la libertad ha surcado mares, desiertos y continentes. Y todas gritan, gritamos contra ti, ministro de las injusticias. Has conseguido que incluso el poder judicial te recuerde que el concebido no es titular de un derecho a la vida. Has hecho asegurar a personas que no van a dejar de realizar abortos a ninguna mujer que se lo pida. Has conseguido que ni cárceles, ni multas, ni pretendidas tutelas puedan cortar nuestras alas. Porque nosotras, las mujeres, somos libres. Porque nuestros derechos, los derechos de las mujeres, no nos los concedéis ni nos los arrebatáis. Nuestros derechos los hemos conquistado, os los hemos arrancado en muchas luchas que se han llevado por delante a tantas de nosotras… A nuestras abuelas, a nuestras bisabuelas, a nuestras madres. Hermanas. Porque seguimos la saga de la genealogía feminista y eso nos hace fuertes, invencibles. Y ni tú ni nadie, ministro de las injusticias, vais a conseguir callarnos.
 
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